jueves, 1 de febrero de 2018

Las buenas obras comienzan por uno mismo

Desde que comenzó la crisis, hay muchas voces que no dejan de hacer hincapié en la labor social de las cajas de ahorro de este país, hablando de las grandes acciones caritativas que realizan, de cuánto se implican en ayudar a los más desfavorecidos, y cómo aumentan cada año el presupuesto para obra social, sacándolo directamente de sus beneficios. Quizá habría que recordar cómo han sido expoliadas algunas estas cajas de ahorro en los últimos años; que el dinero que usan para las obras no es de un ente indeterminado que abre su bolsillo, sino el propio de los ciudadanos que les confían su administración, y que algunos de los beneficios que consiguen es precisamente por algunas condiciones abusivas que figuran en los contratos y que no siempre son muy claras. Pero bueno, esa es otra historia para fijarse otro día.


Yo siempre he pensado que las buenas obras empiezan por uno mismo, así te ahorras el que nadie tenga que preocuparse por tu bienestar. Por supuesto, pueden pasar cosas inesperadas, alguna mala racha que no te esperas y que no puedes ver venir, y se agradece la ayuda de cualquiera bien intencionado; pero siempre es mejor prevenir, las consecuencias no son tan graves si has sabido ser previsor y cuidar de tus intereses sin esperar que nadie más lo haga. Para ello, hay que ser un poco clarividente, o al menos, intentar adivinar un poco qué puede pasar en el futuro; y sobre todo, ser como una hormiguita, no plantearse grandes quimeras, sino objetivos claros y sencillos.

Lo primero, cómo no, sería no dejar en manos de gente ajena nuestro dinero, y empezar nuestro propio plan de ahorro. Ya sé que suena casi a risa pensar en ahorrar en la época actual, cuando nuestros sueldos apenas alcanzan para vivir en el mejor de los casos, pero yo creo que hay que desterrar la idea de que donde mejor está nuestro dinero es en el banco, dando intereses; eso ya no es negocio alguno más que para la banca. Y no sólo se trata de guardar caudal, sino también de reducir gastos, aunque a veces pensemos que hacerlo más es imposible.

Es hora de ser egoístas, y comenzar a ahorrar recursos no sólo por el medio ambiente o por conciencia ecológica, sino por motivos mucho menos altruistas; el agua, la luz, el reciclaje... aprender a usar todo esto de forma eficiente ayuda claramente a nuestro planeta, pero no nos engañemos, también a nosotros y de manera directa, con facturas más bajas y fáciles de pagar. Y es que todo el contante que quede en nuestro bolsillo, es el que está más seguro; y el que con toda seguridad acabaremos disfrutando nosotros.